El conocimiento religioso
En origen, tanto el conocimiento científico como el religioso parten de lo mismo: Hechos pasados que establecen verdades observables por el entendimiento humano relativo a una época. La diferencia se establece con el paso del tiempo. La religión trata de 'congelar' esas verdades, razonan para tratar de conservar lo que resultó evidente en un pasado y no para tratar de incorporar nuevos patrones de razonamientos adaptados al medio. Cuando encuentran la lógica que justifica conservar el mismo conocimiento, se refuerza su deseo por otorgarle a un poder superior al hombre esa revelación y, desear que ese poder considere ese conocimiento eternamente bueno.
Cuando el medio cambia somete a los individuos a nuevos desgastes, tanto físicos como emocionales. En esos instantes es cuando se distancia la religión de la ciencia. La religión busca como hacer perpetuo un conocimiento demostrado cierto en una época sin tener en cuenta el cambio del medio
La complejidad de algunos vericuetos filosóficos establecidos para conservar la integridad coherente del sistema dogmático, convence a los religiosos devotos de que su fe es verdadera y eterna. Por otro lado, cada vez son más las personas que observan que esos vericuetos no aportan soluciones prácticas a sus vidas cotidianas; es en ese punto en donde aparecen dos tipos de comportamientos distintos: El comportamiento coherente (tendente al cambio) y el comportamiento crédulo (tendente al fanatismo)
Filosofía, fe y ciencia
Las causas por los cuales nos hemos convencido de la veracidad de nuestra fe, dependerán de los elementos en los que hemos confiado y, en última instancia de la corroboración entre lo esperado y lo obtenido. Dependiendo del tipo de inteligencia que tengamos más desarrollada, lo que esperamos y obtenemos se podrá compartir con otras personas afines a nuestra tendencia inteligente, o por el contrario, callar por temor a ser rechazados. La integración más o menos completa de todas las inteligencias, nos capacitará para hacer valer de un modo más o menos efectivo, las deducciones resultantes del procesamiento de la información por nuestro consciente. Al compartirlo de forma inteligente con otras personas, podremos llegar a la conclusión de que nuestra orientación nos permitirá aplicar un trabajo que confirme la fe, y por lo tanto conseguir una motivación que nos aliente a trabajar por aquello en lo cual nos han confirmado que el planteamiento es bueno. El punto desde el cual se observa este tipo de dinámica repercutirá en nuestros valores, provocando reacciones en base a lo que realmente valoramos, que es en definitiva en lo que confiamos y tenemos fe.

La fuerza racional
Si la fe nace de un postulado, se la combina con evidencias del pasado y un soporte razonable por el cual se establece un resultado esperado, se despertará en la persona un toque de anhelo que la inducirá a actuar para conseguir lo esperado. Así pues, dará como resultado una fuerza interior cauta, que procurará asegurarse de que las condiciones son las ideales, y sobre todo y lo más importante, posee dominio de la razón sobre sus actos. A este respecto no es una fuerza interior bruta que nace y no se sabe cómo.
La voluntad es la expresión de obras por la explicación satisfactoria a nuestro convencimiento. En ello va nuestra confianza en las premisas, postulados y/o suposiciones que nos permitirán falsar el conocimiento. Si bien, nuestra voluntad será nula ante un planteamiento no satisfactorio desde el punto de vista racional.
La esperanza es el anhelo que se tiene por ver resuelto y finalizado un trabajo. Este trabajo está sujeto a un método, que a su vez se sujeta a una teoría.
La creencia es la parte de buena voluntad que ponemos a la hora de trabajar. Si esta condición no se diese, la persona negaría su cooperación.

La fuerza moral [
Es lo que una persona sostiene en el medio social de la vida cotidiana.
Si la fe no nace como fuerza interior, sino que sencillamente uno acepta directamente la autoridad de una persona por algún tipo de temor mórbido a ser castigado o por ganar la recompensa prometida. En este caso la fuerza nace de la propia voluntad de la persona. Este tipo de sumisión, tiene a largo plazo, y de violarse la promesa inicial (bien las pautas por las cuales se castiga o las pautas por las cuales se premia), al agotamiento y pérdida de la fe y/o la pérdida absoluta de la sumisión. Caso de que la persona persista en sostener esa fe aun más allá de la pulsión que le permita someterse, se corre el riesgo de enfermar. Si estas bases no se violan, la persona continuará sana y satisfecha de observar que su esfuerzo sirve de algo (bien para no ser castigado y/o bien para ser premiado, las mismas bases que se usan en el adiestramiento de cualquier otro animal). De esta sumisión nace la fe (revelación divina) como doctrina religiosa.
Voluntad moral es la expresión de nuestros actos por la confianza en que lo aplicado será de beneficio para otros. Esta actitud parte de una persona sana, satisfecha consigo misma y relativamente feliz.
Esperanza moral es la expresión de nuestros actos por la confianza de que obtendremos un entorno moralmente acorde a lo que establecemos como bueno, ajustando nuestro comportamiento, dado que es lo moralmente correcto.
Creencia moral es la firme convicción, más allá de cualquier argumento que pretenda persuadirnos de satisfacernos de otra manera, expresando nuestros actos por la confianza de que estaremos agradando a alguien poderoso y que este hará lo que promete por que tiene el poder para hacerlo.

La fuerza emocional
Si la fe nace de un deseo, el cual ha encontrado una creencia que lo apoya y añadiéndole la fuerza que aporta la aprobación grupal de un colectivo a la autoestima y dignidad de la persona, así como de la confianza absoluta que el propio individuo le confiere a sus propios deseos, dará como resultado una fuerza interior bruta sin directriz racional.

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